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sábado, 30 de junio de 2012
La Evidencia Recomienda: 22/11/63 de Stephen King
"¿Sabéis cuando, en un día soleado, cerráis los ojos y podéis ver en la retina una imagen remanente de lo que fuese que estuvierais mirando? Era parecido a eso. Cuando me miraba el pie, lo veía en el suelo, pero cuando pestañeaba —no sabría decir si un milisegundo antes o un milisegundo después de cerrar los ojos—, captaba fugazmente la visión de mi pie en un peldaño de madera. Ya no se hallaba bajo la tenue luz de una bombilla de sesenta vatios. Se hallaba bajo un sol radiante. Me quedé petrificado."
Jake Epping es profesor de inglés en una pequeña ciudad de Maine. Un día, uno de estos estudiantes adultos escribe una redacción que le deja impactado. El tema que les había propuesto era «El día que cambió mi vida», y en ella Harry Dunning cuenta lo que ocurrió la noche en que su padre volvió borracho a casa y mató a golpes de martillo a su madre, a su hermano y a su hermana. Harry logró salvarse. Poco después, Al, amigo de Jake y propietario del diner del barrio, le revela un gran secreto: en su almacén ha encontrado una puerta que conduce al año 1958. Al le ruega a Jake que viaje en el tiempo para cumplir una misión demencial: impedir el asesinato de Kennedy. Jake conseguirá trasladarse al año 1958 para comenzar una nueva vida con una nueva identidad y esperar el año del asesinato. Volverá a la época de Elvis y los Cadillac, se enamorará de la guapa bibliotecaria Sadie Dunhill, buscará a Lee Harvey Oswald, el supuesto asesino de Kennedy, y a la familia de su alumno Harry Dunning para evitar su tragedia. Jake sabe que cuando vuelva a su tiempo solamente habrán pasado dos minutos en su mundo, pero, ¿qué otros cambios habrán provocado sus acciones? ¿Y cómo va a dejar atrás en el pasado a la mujer de su vida? El libro, que se escapa del género que le ha dado fama mundial y fortuna personal a su autor, es un thriller de ciencia ficción basado en una cuestión apasionante: ¿Qué habría pasado si John Kennedy no muere en el atentado de ese fatídico 22 de noviembre de 1963 en Dallas? ¿Cómo se habría modificado el escenario planetario si JFK hubiese sobrevivido a su magnicidio? ¿De qué manera habría discurrido la historia si alguien hubiera impedido que Lee Harvey Oswald apretara el gatillo? A Stephen King se le ocurrió esta idea en 1972, cuando él no era ni de cerca el Stephen King que conocemos hoy. No le había dado el palo al gato con éxitos como “Carrie”, “El resplandor”, “Misery”, libros que si alguien no los ha leído, seguro los ha visto en el cine o en la televisión, y la muerte del presidente más joven, guapo y mujeriego de Estados Unidos era aún una herida sin cerrar. King postergó la idea que volvió con fuerza hace un par de años y que el 2011 se convirtió en el lanzamiento de una novela de casi 900 páginas celebrada por moros y cristianos. Hasta la exigente crítica de The New York Times ha calificado la novela como “una de las mejores historias sobre viajes temporales desde H. G. Wells”. Otros celebran la notable tarea de reconstrucción de época, comparándola con lo que logra en televisión la serie “Mad Men”. Es que además ambas obras de ficción comparten la misma época: fines de la década del 50 y comienzos del 60. El argumento de “22/11/63” es el siguiente: un profesor de secundaria regresa al pasado para torcer la historia e impedir el asesinato de JFK. ¿Logra su propósito?
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Evidencia Recomienda
jueves, 26 de enero de 2012
La Evidencia Recomienda: La Chica del Dragon Tatuado
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Obra Maestra
domingo, 8 de enero de 2012
La Evidencia Recomienda: El Poder del Perro (Novela)
DOS Y una percepción ajustada pero a la vez injusta definiría a El poder del perro como una versión narco-mex de El padrino de Mario Puzo. Ya saben: la saga que abarca varias generaciones –entre los años 1975 y 2004– de una familia indestructible que, por esas cosas de la vida, se dedica a destruir personas y a fabricar muertos. Pero El poder del perro no es nada más que eso. El poder del perro es –sin dudas– el magnum opus de Don Winslow y, también, una impactante y documentadísima enciclopedia del comercio de drogas al sur y al norte del Río Grande. Digámoslo así: he aquí la Gran Novela Americana del Narcotráfico. Este libro publicado en el 2005 fue el noveno que firmó Winslow luego de la serie protagonizada por Neal Carey y de varias eficaces novelas que lo acercaban a la picaresca delictiva de Elmore Leonard, entre las que destacan The Winter of Frankie Machine (2006), próxima a ser llevada al cine con Robert De Niro; oscureciendo un tanto su tono con The Death and Life of Bobby Z (1998) y California Fire & Life (1999) y The Dawn Patrol (2008), donde se ofrecen postales del ambiente surf-drogadicto de California del Sur. Todo bien. Muy divertido. Tramas bien aceitadas y sorpresas. El poder del perro –insisto– es otra cosa. El poder del perro es algo grande y rabioso. Una enferma exhibición de atrocidades curada con la misma metodología de roman à clef y de historia alternativa que patentó el inmenso James Ellroy (admirador confeso de El poder del perro) para su Cuarteto de Los Angeles y su hasta ahora díptico compuesto por América y Seis de los grandes. Ellroy la compara en intensidad y logros a la ya clásica Dog Soldiers de Robert Stone, publicada en 1974, donde la mercancía llegaba desde Saigón. De acuerdo. Pero el lienzo en el que pinta Winslow es, seguro, más amplio y ambicioso. Winslow –nacido en Nueva York en 1953 y quien alguna vez trabajó como actor, encargado de sala de cine, guía de safari y detective privado– demoró más de seis años en documentarse y escribir El poder del perro. Y esta dedicación se nota en todas y cada una de sus líneas y rayas, para acabar ofreciéndonos cómo se trazó el mapa de la ruta Colombia/Honduras/México/EE.UU. para transportar la droga desde las plantaciones del Tercer Mundo hasta las narices y brazos del Imperio. Y por último pero no en último lugar, El poder del perro es, sin por eso renunciar por un segundo a la velocidad del más vertiginoso de los entretenimientos, ya desde sus bestiales y casi alucinatorias primeras páginas, un profundo tratado sobre la moralidad y la ética y lo que ocurre cuando éstas desaparecen para dar lugar a una batalla con demasiados frentes abiertos y donde, por lo tanto, no cabe siquiera la posibilidad de una retirada en busca de la retaguardia. Así, El poder del perro es un thriller sanguíneo y sangriento y sanguinario –advertencia: algunas de sus escenas de torturas harían palidecer hasta al más curtido Sam Peckinpah– con aceitada mecánica de tragedia shakespeariana, donde todos aúllan y también usan los dientes, y donde un hombre solo –como aquel perturbado y perturbador príncipe dinamarqués– comprende que hay algo que huele a podrido en México y sus cercanos y distantes alrededores, que –no importa que incluyan hasta al Hong Kong de los traficantes de armas– nunca están lejos. El crimen, se sabe, acerca a las personas.
TRES. El centro moral de El poder del perro –su héroe a pesar suyo– es el medio mexicano y el desilusionado veterano de Vietnam y honesto agente de la DEA Art Keller. Un hombre que, a lo largo de veintinueve años, se relaciona –gracias a una juvenil y deportiva amistad con los hermanos Barrera y su patriarcal padre– con los clanes y carteles que componen y se reparten el negocio de la droga en México y su tráfico hacia los Estados Unidos, con la mafia encargada de su distribución y con la corrupta oficialidad norteamericana encargada de “combatir” el asunto sin por eso privarse de recibir grandes beneficios. Y no es casual que Keller en algún momento sea definido como “un cowboy” porque, antes que nada y después de todo, El poder del perro no deja de ser un western. O –para ser más puntual y cardinalmente precisos– un southern. Una sucesión de duelos cada vez más concéntricamente cerrados hasta alcanzar ese núcleo y clímax del enfrentamiento final y definitivo luego de que Keller comprenda que todo ha llegado a su fin para no terminar nunca y que la DEA no es una entidad justiciera sino, apenas, un organismo regulador y administrativo. Y está claro que la historia empieza aquí pero no termina ni tiene final a la vista. Alcanza con leer los titulares de ayer y de hoy y de mañana: cabezas cortadas sobre el suelo de una discoteca, juglares privados cosidos a balazos por un rival al que no le gustan sus canciones, fusilamientos masivos, sicarios que se confiesan todos los domingos besando la cruz y las procesiones de alijos por paisajes donde las catedrales de la codicia tienen cimientos de pirámides sacrificantes. De este modo y con estos modales –ya se dijo– El poder del perro divierte (ladra) sin privarse de denunciar (muerde) y bienvenidos al incesante desfile de transparentes máscaras apenas escondiendo al “Señor de los Cielos” Amado Carrillo Fuentes, a Ernesto “Don Neto” Fonseca, a los temidos hermanos Arellano, al cardenal Posadas, al gangster de Hell’s Kitchen Mickey Fetherstone, al agente encubierto y torturado Enrique “Kiki” Camarena, al Don mafioso Paul Castellano, al candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio y al coronel Oliver North entre muchos otros. Un crítico norteamericano escribió que “si el diez porciento de El poder del perro fuera verdad sería algo horripilante. Que el noventa por ciento pueda ser cierto resulta casi insoportable”. A lo que Winslow respondió: “Hay personajes ficticios y en más de una ocasión he mezclado y fundido acontecimientos; pero hay muy poco en el libro que no haya realmente sucedido. Eso es lo que da miedo. Mi editor se la pasaba diciéndome ‘Don, esto es demasiado’ y yo le respondía: ‘De acuerdo, yo pienso lo mismo. Pero es verdad’. De ahí que la escritura del libro no haya sido, en más de un momento, un trabajo agradable”. Winslow –quien viajó a México y a varios de los lugares donde transcurre la novela para hablar con gente metida en el negocio– agregó: “El sistema es sencillo: hay que respetar las reglas. Les comuniqué a mis entrevistados que jamás pondría sus nombres pero sí sus puntos de vista. Y les dije que, si no hablaban conmigo, en cualquier caso yo escribiría el libro; así que lo mejor para todos era que el libro fuera lo más fiel y verdadero que fuera posible… ”El punto de partida, el primer impulso, me vino luego de leer acerca de una masacre de niños y mujeres, por un asunto de drogas, que tuvo lugar en Baja California, en México, en 1988. Me pregunté entonces cómo se podía llegar a ordenar la ejecución de algo así, cómo llega alguien a este punto. Supongo que escribí El poder del perro buscando una respuesta. Y lo cierto es que todavía estoy buscándola. Si alguna vez la encuentro, me encantará poder compartirla con todos ustedes”. Mientras tanto y hasta entonces, ahí están todos, corriendo mientras suenan los corridos y son muchos los que mueren en México gritando aquello de “¡Que viva México!”.
CUATRO. El poder del perro es una de esas novelas en las que uno se va a vivir mientras las lee y –la tasa de mortalidad de sus páginas por momentos quita el aliento– mientras los leídos van siendo acribillados o despedazados o vuelan por los aires o son sometidos a torturas (ya comprenderán a lo que me refiero) de una creatividad católicamente diabólica. Pensar en El poder del perro como la versión adicta y adictiva de La guerra y la paz haciendo hincapié en lo primero. Mejor aún: El poder del perro como La guerra y la guerra. Despachos desde las trincheras y las tripas en llamas de un volcán en constante erupción donde un cada vez más desilusionado y endurecido Art Keller baila, en los afilados bordes de su cráter, el peligroso vals de una venganza incubada a lo largo de tres décadas junto a los encantadores y monstruosos narcos Adán y Raúl Barrera, a la calculadora prostituta de luxe Nora Hayden, al religioso e intrigante Padre Parada, al asesino a sueldo Sean Callan y a esa especie de implacable espectro/terminator de la CIA que es John Hobbs. Pasen a este infierno para sus personajes, a este paraíso para el lector que los sigue, y abandonad toda esperanza (de soltar este libro) quienes entren aquí. Y, una vez terminado El poder del perro, siéntense a esperar a que la HBO lo convierta en una gran miniserie. Hasta que eso ocurra, aquí va esta novela ardiente como lava y épica como mito antiguo en la que un hombre bueno y vencido se enfrenta a los triunfales hombres malos. Y ya se sabe: hay tantos más hombres malos que hombres buenos. Las mejores historias –y El poder del perro es una de ellas– siempre han tratado exactamente de eso, de esa misma vieja e interminable guerra. Y parafraseando al Michael Herr de Despachos: México México México, todos estuvimos allí.
Y, si no, allá vamos.
Apocalipsis ahora.
(Por Rodrigo Fresán)
Version PDF: http://www.altrestorie.net/libri/Winslow%20-%20El%20Poder%20Del%20Perro.pdf
Mas notas sobre esta novela
http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo/2010/02/el-poder-del-perro/
http://nuevobestsellerespanol.blogspot.com/2011/05/el-poder-del-perro-de-dan-winslow.html
sábado, 10 de diciembre de 2011
La Evidencia Recomienda: Pigmeo de Chuck Palahniuk
Pigmeo (de Chuck Palahniuk)
Un accidente en carretera. Un coche destrozado. Un atasco y las líneas avanzando poco a poco, coche a coche. Y pasas al lado, despacio. Y miras. No puedes evitarlo. Un libro de Chuck Palahniuk es exactamente eso. Sabes que va a ser impactante, sabes que en cierta medida va a ser incluso desagradable, pero no puedes evitar leerlo. Chuck Palahniuk se ha convertido en un autor de culto, primero en EEUU y después en todo el mundo a raíz de la adaptación cinematográfica de su novela “El club de la lucha, dirigida por David Fincher y protagonizada por Edward Norton y Brad Pitt, que ha llegado a convertirse con el paso del tiempo en todo un himno generacional. Pero podía haberse quedado ahí, como un incidente aislado, fruto de las circunstancias. No ha sido así. Libro a libro ha resultado ser todavía más impactante. Puede parecer una loa exagerada, pero reconozco que con el tiempo se ha convertido en uno de mis autores favoritos por méritos propios. Cada uno de sus libros puede resultar como un puñetazo en el estómago, pero como dicen en El club de la lucha, no es hasta que alguien te golpea cuando de verdad te sientes vivo.
Chuck Palahniuk no sólo es un escritor peculiar, sino una persona peculiar. Relata en uno de sus libros de memorias cómo empezó a tomar anabolizantes al tiempo que hacía pesas para ver cómo aumentaba el tamaño de sus bíceps al tiempo que disminuía el de sus genitales. Según él mismo cuenta: “Cuando ves que tus testículos pasan del tamaño de higos al tamaño de pasas descubres que es un buen momento para dejarlo”. Porque él habla así, como un accidente de tráfico que no puedes dejar de mirar.
Alguna vez he tenido que detener la lectura de algún fragmento de sus libros porque me estaba mareando. No he sido el único. Como él mismo narra, en alguna de las lecturas de sus cuentos ha llegado a desmayarse un buen porcentaje de la audiencia. Yo cuando leí esto también lo consideré exagerado. Pero vamos a hacer una cosa. Primero lee “Tripas” y después me lo cuentas. Si todavía estas consciente.
Este relato está incluido dentro de su novela Fantasmas, en realidad una compilación de cuentos cortos unidos por un tema común, el de escritores que buscan excusas para no tener que escribir.
Una de las cosas más impactantes de la literatura de Palahniuk son sus temas. Descubres sobre lo que está escribiendo y apenas puedes creerlo. Te dices: “Solo Chuck podía escoger este tema”. Y su nueva novela Pigmeo no es una excepción. En ella, un grupo de terroristas adolescentes liderados por Pigmeo, de 13 años y baja estatura, viajan a EEUU para acometer un atentado terrorista masivo. No se especifica de qué país son, aunque la sombra de Corea del Norte sobrevuela todo el libro. El libro está compuesto de comunicados a sus superiores por parte de Pigmeo (autodenominado agente-yo), que mostrará las incongruencias de la sociedad americana y los propios avances de su proyecto apocalíptico a través de un lenguaje forzado y artificial. Es ver el mundo que siempre has conocido a través de las gafas de un niño-soldado al que no podrás conocer jamás. Un niño entrenado para matar, que relata en todo momento qué llaves podría realizar para matar o lesionar a todos los personajes que le rodean. Y todo aderezado con pseudocitas de los grandes líderes/tiranos de la historia: “La necesidad de cagar después de comer no significa que comer sea una pérdida de tiempo” Mao Tse-Tung.
Pero como en todo adolescente, las hormonas juegan un papel fundamental en sus historia. Obsesionado con acostarse con su hermana adoptiva, tendrá que poner en una balanza sus deseos carnales y sus objetivos.
Las novelas de Chuck Palahniuk no son para todo el mundo, eso esta claro. Como tampoco lo son los puñetazos en el estómago. O el caviar. Es un autor que te va a encantar o a horrorizar, no va a haber término medio.
Mas informacion en http://chuckpalahniuk.net/books/pygmy
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Palahniuk
miércoles, 30 de noviembre de 2011
La Evidencia Recomienda: Los Altisimos de Hugo Correa
"Abro los ojos. Estoy recostado en una cama, de espaldas, tapado hasta el pecho. Voy distinguiendo cosas: paredes de un color verde oscuro, limpias y relucientes. A la izquierda, próxima al rincón, una puerta con una ventanilla. Detrás de la ventanilla, la noche. La luz viene de la derecha, de una lámpara con una ampolleta esmerilada. Sin saber por qué su descubrimiento me produce alivio. Algo hay de poco común en el resto de la pieza. Ni el más leve rumor altera el aire. Una persona se aproxima al lecho por la izquierda. Es un hombre joven, de unos treinta años, que viste uniforme blanco, cerrado hasta el cuello. Alto, delgado, con ojos de penetrante mirar. Lleva la cabeza descubierta, y su pelo negro contrasta con la blancura de su piel. Sus facciones son correctas, de rasgos definidos, e irradian una calma desconcertante. —¿Cómo se siente? —La pregunta, en tono seco, apenas interrumpe el silencio. —Pues..., no lo sé —respondo, con voz casi inaudible— ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? El hombre arrastra una silla, hasta ahora oculta de mi vista por el velador. —En una clínica. Ha tenido una intoxicación alcohólica, bastante grave. Whisky falsificado — replica presto. Habla con un leve acento extranjero, tan leve, que bien podría deberse a la dureza de su pronunciación—. Estuvo muy mal, pero ya pasó el peligro. Sin embargo, no puede recibir visitas ni comunicarse con otras personas, mientras el médico no lo permita. —¿No es usted el médico?"
Un Requiem-Homenaje Para un Altisimo
Estando la inspiracion principal del clasico del cine ciencia ficcion, El Quinto Elemento, en la novela grafica El Incal del psicochaman y artista chileno Alejandro Jodorowsky, no nos extrañe que la inspiracion de otros clasicos del cine fantastico esten en otras novelas cyberpunk de Hispanoamerica como en esta del tambien chileno Hugo Correa, un tipo que se codeó con los grandes, lease Bradbury, Asimov, Clarke, Henlein. De hecho no deja de ser sincrónico que Correa haya saltado al hiperespacio, una semana después que Arthur C. Clarke, ilustre colega suyo. Como dijo Baradit (quien recientemente ha publicado su novela grafica Policia del Karma), a esta hora ambos ya deben ser uno con el monolito.
Leer a Correa es descubrir el trabajo de un tipo con una imaginación prodigiosa, que se adelantó en años al cyberpunk (Los Altísimos), descubriendo además que el campo chileno podía ser un escenario perfecto para una pesadilla alienígena (El que Merodea en la Lluvia)
Un mutante antes que los mutantes. Correa fue ignorado por sus pares. Se nos fue olvidado por la tradición narrativa local, que siempre lo miró como bicho raro, como una esquina curiosa, obviando que ha sido de los contados autores nacionales que logró conquistar y ser bien criticado en mercados tan exigentes como el norteamericano, el inglés o incluso el ruso. Correa fue nombrado entre los más grandes cultores de la ciencia ficción del mundo, y Los Altísimos entre las 100 mejores novelas del género, un honor no sólo para él, sino para Chile y de rebote para quienes lo leímos y conocimos.
Quizás el reconocimiento vino implícito, a través de Baradit, Solar, Bisama, Castro, Meir y todos los integrantes de una nueva generación de fantanautas criollos que han dado que hablar, recuperando la tradición y la dignidad de lo fantástico en las letras nacionales. Ese al final, es el mejor de los premios.
¿Y ahora que viene? Los obvios artículos en suplementos culturales, campaña para que un asteroide lleve su nombre. Si me preguntan yo abogo por la creación del Premio Hugo Correa, un certamen anual que celebre lo mejor de lo fantastico en cine, letras y gráfica chilena. Nuestros Hugos locales, los que entiendan, entenderán.
Una entrevista a Hugo Correa
Extraterrestres, navegantes espaciales y ucronías que cambian la historia son elementos que abundan en la literatura de este escritor chileno. Un ilustre desconocido de quien se ha dicho es el mejor autor de ciencia ficción latinoamericano.
Hace treinta años, una sonda espacial se salió de órbita y se estrelló en el sur de Chile. La máquina había sido enviada a la Luna para traer muestras de rocas, pero volvió con algo más. Una rara criatura que crecía con la lluvia. Este relato fue escrito en 1961 por Hugo Correa y apareció bajo el título de El que merodea en la lluvia, tercera publicación del autor y un claro ejemplo de su obsesión por el espacio exterior.
-¿A qué planeta le gustaría viajar?
-A Marte, porque es el que más ha inspirado a los escritores de ciencia ficción. Es como un escenario clásico del género, arrastra toda una tradición que va desde H.G. Wells hasta Bradbury.
-A propósito, ¿es cierto que conoció a Ray Bradbury?
-Sí, estuve con él en el Writers Program de la Universidad de Iowa. Le gustaban bastante mis cuentos. De hecho, fue él quien los llevó a The Magazine of Science Fiction, cuyo editor científico era Isaac Asimov.
-¿Nunca se sintió un bicho raro siendo prácticamente el único autor chileno de ciencia ficción?
-Un extraterrestre querrás decir... (se ríe). Ser escritor de ciencia ficción de por sí te marca.
Eres un tipo específico de narrador.
-¿Cómo se interesó en el género?
-De niño me gustó mucho la idea de lo desconocido y de los mundos que venían. Además, siempre fui un cuentacuentos. Los Altísimos, por ejemplo, está plagado de ideas que cuando chico le contaba a mis hermanos menores.
-¿A qué atribuye el hecho de que, a pesar de haber sido traducido a diez idiomas y recibir elogiosas críticas fuera de Chile, muy pocos lo conozcan? ¿Hay prejuicios frente al género de anticipación?
-Es que la gente tiene metida la idea de que la ciencia ficción es un subgénero. Como si una obra dependiera del género. Desde ese punto de vista, una novela realista siempre sería buena. En todo caso, esto ocurre sólo en Chile. En el extranjero se sabe que hay muy buenos escritores y libros de ciencia ficción y se les valora por eso. Por ejemplo, nadie discute la tremenda calidad literaria de Philip K. Dick (autor de la novela que inspiró Blade Runner).
En 1956 Hugo Correa publicó su primera novela,Los Altísimos, una historia futurista que describe una civilización altamente tecnológica que centra su existencia en el triángulo máquina-hombre-máquina, donde la subordinación humana a las máquinas alcanza caracteres dictatoriales. Mismo esquema de la apocalíptica corriente que en los 80 encontró voz y éxito en jóvenes autores norteamericanos como Bruce Sterling (Islas en la red) y William Gibson (Neuromante).
-¿Qué le dice el término ciberpunk?
-En realidad no he leído mucho, pero conozco bien el tema porque de alguna forma lo abordé. En 1967 apareció en The Magazine of Science Fiction Alter Ego, un relato que describía una sociedad futurista que vivía con máquinas inteligentes que les solucionaban la vida. El protagonista de la historia era alguien que utilizaba un casco para conectarse a ese sistema y así podía moverse dentro de él. Este casco le agudizaba las percepciones y los sentidos, como hoy lo hace la llamada Realidad Virtual.
-¿Escribe a máquina o en computador?
-A máquina. No tengo computador, pero me encantaría tener. Abre muchas posibilidades, como internet y el correo electrónico.
-¿Está familiarizado con internet?
-No, es una deuda que tengo pendiente.
A pesar de su prolongado silencio literario, Hugo Correa no ha parado un sólo día de trabajar. Desde hace dos años, está encerrado en una nueva novela con la que pretende regresar a la ciencia ficción. Aunque todavía no tiene nombre, la historia está bastante avanzada: Trata de los Preadamitas, una raza anterior a Adán creada por Dios (Yahvé) y cuyo destino nadie conoce. Yo le busco un destino a esa raza con mi ficción. Claro que no he podido encontrar editor, usted sabe, en Chile sólo se edita lo políticamente correcto y la ciencia ficción parece ser de oposición.
-¿Cómo va a ser Chile en el futuro?
-Un país bastante más ordenado y limpio. Creo que el problema de la contaminación va a solucionarse y que la gente, gracias a internet y a otras redes informáticas y virtuales, va a volver a la vida rural. Las ciudades van a desaparecer. De aquí a cien años, metrópolis como Santiago o Nueva York van a ser monumentos, nada más que eso.
Fuente:
http://fortegaverso.blogspot.com/2008/03/hugo-correa-1926-2008.html
Un Requiem-Homenaje Para un Altisimo
Estando la inspiracion principal del clasico del cine ciencia ficcion, El Quinto Elemento, en la novela grafica El Incal del psicochaman y artista chileno Alejandro Jodorowsky, no nos extrañe que la inspiracion de otros clasicos del cine fantastico esten en otras novelas cyberpunk de Hispanoamerica como en esta del tambien chileno Hugo Correa, un tipo que se codeó con los grandes, lease Bradbury, Asimov, Clarke, Henlein. De hecho no deja de ser sincrónico que Correa haya saltado al hiperespacio, una semana después que Arthur C. Clarke, ilustre colega suyo. Como dijo Baradit (quien recientemente ha publicado su novela grafica Policia del Karma), a esta hora ambos ya deben ser uno con el monolito.
Leer a Correa es descubrir el trabajo de un tipo con una imaginación prodigiosa, que se adelantó en años al cyberpunk (Los Altísimos), descubriendo además que el campo chileno podía ser un escenario perfecto para una pesadilla alienígena (El que Merodea en la Lluvia)
Un mutante antes que los mutantes. Correa fue ignorado por sus pares. Se nos fue olvidado por la tradición narrativa local, que siempre lo miró como bicho raro, como una esquina curiosa, obviando que ha sido de los contados autores nacionales que logró conquistar y ser bien criticado en mercados tan exigentes como el norteamericano, el inglés o incluso el ruso. Correa fue nombrado entre los más grandes cultores de la ciencia ficción del mundo, y Los Altísimos entre las 100 mejores novelas del género, un honor no sólo para él, sino para Chile y de rebote para quienes lo leímos y conocimos.
Quizás el reconocimiento vino implícito, a través de Baradit, Solar, Bisama, Castro, Meir y todos los integrantes de una nueva generación de fantanautas criollos que han dado que hablar, recuperando la tradición y la dignidad de lo fantástico en las letras nacionales. Ese al final, es el mejor de los premios.
¿Y ahora que viene? Los obvios artículos en suplementos culturales, campaña para que un asteroide lleve su nombre. Si me preguntan yo abogo por la creación del Premio Hugo Correa, un certamen anual que celebre lo mejor de lo fantastico en cine, letras y gráfica chilena. Nuestros Hugos locales, los que entiendan, entenderán.
Una entrevista a Hugo Correa
Extraterrestres, navegantes espaciales y ucronías que cambian la historia son elementos que abundan en la literatura de este escritor chileno. Un ilustre desconocido de quien se ha dicho es el mejor autor de ciencia ficción latinoamericano.
Hace treinta años, una sonda espacial se salió de órbita y se estrelló en el sur de Chile. La máquina había sido enviada a la Luna para traer muestras de rocas, pero volvió con algo más. Una rara criatura que crecía con la lluvia. Este relato fue escrito en 1961 por Hugo Correa y apareció bajo el título de El que merodea en la lluvia, tercera publicación del autor y un claro ejemplo de su obsesión por el espacio exterior.
-¿A qué planeta le gustaría viajar?
-A Marte, porque es el que más ha inspirado a los escritores de ciencia ficción. Es como un escenario clásico del género, arrastra toda una tradición que va desde H.G. Wells hasta Bradbury.
-A propósito, ¿es cierto que conoció a Ray Bradbury?
-Sí, estuve con él en el Writers Program de la Universidad de Iowa. Le gustaban bastante mis cuentos. De hecho, fue él quien los llevó a The Magazine of Science Fiction, cuyo editor científico era Isaac Asimov.
-¿Nunca se sintió un bicho raro siendo prácticamente el único autor chileno de ciencia ficción?
-Un extraterrestre querrás decir... (se ríe). Ser escritor de ciencia ficción de por sí te marca.
Eres un tipo específico de narrador.
-¿Cómo se interesó en el género?
-De niño me gustó mucho la idea de lo desconocido y de los mundos que venían. Además, siempre fui un cuentacuentos. Los Altísimos, por ejemplo, está plagado de ideas que cuando chico le contaba a mis hermanos menores.
-¿A qué atribuye el hecho de que, a pesar de haber sido traducido a diez idiomas y recibir elogiosas críticas fuera de Chile, muy pocos lo conozcan? ¿Hay prejuicios frente al género de anticipación?
-Es que la gente tiene metida la idea de que la ciencia ficción es un subgénero. Como si una obra dependiera del género. Desde ese punto de vista, una novela realista siempre sería buena. En todo caso, esto ocurre sólo en Chile. En el extranjero se sabe que hay muy buenos escritores y libros de ciencia ficción y se les valora por eso. Por ejemplo, nadie discute la tremenda calidad literaria de Philip K. Dick (autor de la novela que inspiró Blade Runner).
En 1956 Hugo Correa publicó su primera novela,Los Altísimos, una historia futurista que describe una civilización altamente tecnológica que centra su existencia en el triángulo máquina-hombre-máquina, donde la subordinación humana a las máquinas alcanza caracteres dictatoriales. Mismo esquema de la apocalíptica corriente que en los 80 encontró voz y éxito en jóvenes autores norteamericanos como Bruce Sterling (Islas en la red) y William Gibson (Neuromante).
-¿Qué le dice el término ciberpunk?
-En realidad no he leído mucho, pero conozco bien el tema porque de alguna forma lo abordé. En 1967 apareció en The Magazine of Science Fiction Alter Ego, un relato que describía una sociedad futurista que vivía con máquinas inteligentes que les solucionaban la vida. El protagonista de la historia era alguien que utilizaba un casco para conectarse a ese sistema y así podía moverse dentro de él. Este casco le agudizaba las percepciones y los sentidos, como hoy lo hace la llamada Realidad Virtual.
-¿Escribe a máquina o en computador?
-A máquina. No tengo computador, pero me encantaría tener. Abre muchas posibilidades, como internet y el correo electrónico.
-¿Está familiarizado con internet?
-No, es una deuda que tengo pendiente.
A pesar de su prolongado silencio literario, Hugo Correa no ha parado un sólo día de trabajar. Desde hace dos años, está encerrado en una nueva novela con la que pretende regresar a la ciencia ficción. Aunque todavía no tiene nombre, la historia está bastante avanzada: Trata de los Preadamitas, una raza anterior a Adán creada por Dios (Yahvé) y cuyo destino nadie conoce. Yo le busco un destino a esa raza con mi ficción. Claro que no he podido encontrar editor, usted sabe, en Chile sólo se edita lo políticamente correcto y la ciencia ficción parece ser de oposición.
-¿Cómo va a ser Chile en el futuro?
-Un país bastante más ordenado y limpio. Creo que el problema de la contaminación va a solucionarse y que la gente, gracias a internet y a otras redes informáticas y virtuales, va a volver a la vida rural. Las ciudades van a desaparecer. De aquí a cien años, metrópolis como Santiago o Nueva York van a ser monumentos, nada más que eso.
Pueden Descargar Los Altisimos desde
Fuente:
http://fortegaverso.blogspot.com/2008/03/hugo-correa-1926-2008.html
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sábado, 11 de junio de 2011
La Evidencia de Marilyn Manson Ahora en Facebook
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martes, 16 de marzo de 2010
La Evidencia de Marilyn Manson Recomienda: El Arte de Yoshitaka Amano



Yoshitaka Amano (天野 喜孝Amano Yoshitaka nacido el 28 de julio de 1952) es un artista gráfico japonés. Nació en Shizuoka, es bien conocido por todo el mundo debido a su trabajo sobre los diseños de personajes para varios videojuegos de la saga Final Fantasy, así como en sus ilustraciones de Vampire Hunter D de la novela de Hideyuki Kikuchi.
Él también ilustró Sandman: The Dream Hunters, una versión de una fábula japonesa, del autor Neil Gaiman. El trabajo de Amano se caracteriza por el uso de líneas muy finas, personajes de tez pálida con aire triste y el movimiento fluido (especialmente al representar el cabello y la ropa). Gran parte de su trabajo se hace con acuarelas y tinta china, aunque en el pasado él ha utilizado una variedad de otros medios de representación. Amano también apareció en 1998 en la película New Rose Hotel, en la cual él represento el papel de Hiroshi.
Ilustración
Genji
Rampo
Chimera
*~Ayakashi~japanese classic horror
Vampire Hunter D
Guin Saga
The Sandman: The Dream Hunters
Elektra and Wolverine: The Redeemer
Yoshitaka Amano:The Sky (serie de ilustraciones de FFI-X)
Videojuegos
Final Fantasy I (1987) (NES)
Final Fantasy II (1988) (NES)
Final Fantasy III (1990) (NES)
Final Fantasy IV (1991) (SNES)
Final Fantasy V (1992) (SNES)
Final Fantasy VI (1994) (SNES)
Final Fantasy VII (1997) (PSX); Amano no fue el principal diseñador de personajes para este juego, sino que creó un cierto concepto y relacionó las ilustraciones de los personajes.
Kartia: World of Fate (PSX) (1998)
Final Fantasy VIII (1999) (PSX); Una vez más Amano no fue el diseñador de los personajes, sino que él creó las ilustraciones conceptuales.
Final Fantasy IX (2000) (PSX); imágenes de ilustración.
El Dorado Gate Vol. 1 to 7 (DC) (2000-2001)
Final Fantasy X (2001) (PS2); La tercera ocasión en la que Amano no era el diseñador de personajes, sino que él tan solo creó las ilustraciones conceptuales.
Animación
Vampire Hunter D
~Ayakashi~japanese classic horror
Tekkaman The Space Knight
Casshan
Gatchaman (En Gatchaman II y F fue co-diseñador junto con Akemi Takada)
Time Bokkan
Mospeada
El huevo del ángel
Mas dibujos en: http://www.elevenland.com/amano/amano.php3
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